Tolerancia, abuso y dependencia

El consumo de benzodiacepinas tiene una elevada prevalencia en la sociedad contemporánea, con cifras en ocasiones alarmante; por ejemplo, un 15% de la población de Estados Unidos utilizó una benzodiacepina durante un periodo de un año o más. A pesar de que el abuso de estas sustancias no es mayoritario, y constituiría aproximadamente el 15% del total de las drogas de abuso.

La mayor parte de consensos y guías clínicas advierten que el uso de las benzodiacepinas debe realizarse en periodos breves con el fin de evitar los fenómenos de tolerancia y el desarrollo de dependencia. Cuando se administran las benzodiacepinas de forma prolongada, los efectos terapéuticos pueden mantenerse sólo cuando se presta una adecuada atención al ajuste de la dosis. Los efectos beneficiosos suelen aparecer durante la segunda- tercera semana del inicio del tratamiento. A partir de este momento es frecuente que los pacientes refieran que no sienten la misma eficacia inicial y requieran un incremento de la dosis, por la aparición del fenómeno de tolerancia. La tolerancia varía según los distintos efectos estudiados, que en caso de la hipersedación sería de dos semanas, mientras que para los efectos anticonvulsivos y ansiolíticos sería de unos seis meses. Este fenómeno condiciona el tiempo de utilización, por lo que algunos autores recomiendan en los tratamientos prolongados sustituir la benzodiacepina y plantear la utilización de otras opciones terapéuticas, como los antidepresivos o los bloqueadores.

La dependencia física puede ser de una intensidad variable y, en general, menor que la provocada por otras drogas o fármacos como los barbitúricos o el alcohol. Los factores más estrechamente relacionados serían las dosis elevadas (de 2 a 5 veces la dosis terapéutica), la administración durante un periodo de tiempo prolongado (más de 4 meses) y el uso de benzodiacepinas de vida media corta. A pesar de estos datos, se han encontrado pacientes con dependencia a las benzodiacepinas con dosis del fármaco terapéuticas.

En los factores de riesgo implicados en el desarrollo de dependencia a benzodiacepinas estaría el diagnóstico comórbido de un trastorno de personalidad, antecedentes de abuso de alcohol u otras drogas, pacientes afectos de enfermedades crónicas tanto médicas como psiquiátricas o con alteraciones crónicas del sueño. La ansiedad en sí misma no constituye un factor de riesgo y el desarrollo de dependencia en individuos sanos es excepcional.

Para evitar estas situaciones, se aconseja su administración de forma prudente, en dosis correctas y durante el mínimo tiempo posible, siendo necesario establecer periodos de descanso en los tratamientos prolongados. También puede ser beneficioso para el paciente considerar estrategias alternativas no farmacológicas y también efectivas, como la psicoterapia.

 

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